Noticias

Hecho en Nicaragua

...


Entrevista para la revista digital: Managua Furiosa

Cuando Marcelo Gutiérrez era niño las pinturas de su padre le rodeaban, pero no fue hasta hace poco que logró encontrar su propia pasión a través de los mosaicos. Labore, voluptates totam at aut nemo deserunt rem magni pariatur quos perspiciatis atque eveniet unde.

Entrevista

Entrevista para el diario La Prensa, Nicaragua.

Artista de Jinotepe expone por primera vez sus mosaicos utilitarios


Mosaicos de Marcelo

"La gente, valiéndose de criterios convencionales, lo tiene todo resuelto, inclinándose siempre hacia lo más fácil, y buscando aún el lado más fácil de lo fácil. Pero está claro que nuestro deber es atenernos a lo que es arduo y difícil. Todo cuanto vive se atiene a ello".Rainer Maria Rilke

Pienso que el proceso de inventar una herramienta tiene más valor que comprarla hecha ya, así como aprender por sí mismo un arte, sin necesidad de estudiarlo académicamente, es un don de la imaginación. Sin demérito de lo que el aprendizaje académico tiene de positivo, en ese sentido, el autodidactismo de Marcelo Gutiérrez Franco lo vi hacerse patente en 2012, en mi antigua casa de Masaya (minga artesanal que llamábamos La Cueva), cuando participó curiosamente de un mosaico que un amigo del Brasil estaba elaborando con espejos quebrados y porcelanas de platos quebrados. A partir de allí, Marcelo no ha parado de entablar profundamente una relación creativa con esta forma expresiva.

Se ha abierto a experiencias formativas alternativas, por ejemplo, con una estancia en el taller de Frank Somarriba. La exploración posterior con otras personas que hacen artes visuales ha sido fudnamental en el camino que se está labrando como artista.

"Gato". Mosaico pequeño sobre fibra de vidrio. Por: Marcelo Gutiérrez F.

Su experimentación con materiales ha sido amplia: en sus inicios, usó semillas de maíz y café, un mosaico que se sabía biodegradable, un mosaico que no aspiraba a ser eterno, sino arte eco-efímero.

Otras exploraciones ha hecho además. El mosaico lo ha entendido y asumido como el arte de sentir, vivir y pensar con las manos. Ha expandido en él y en sus espectadores lo que llamaría yo el “tacto visual” o el “ojo que toca”.

Desde el punto de vista de proceso, resaltaría que este trabajo de Marcelo denota que hay un estudio previo, sesiones intensas de boceteo de formas, proporciones y elección de los soportes, éstos útimos han venido variando desde lo muy tradicional (madera, plywood, barro) hasta llegar a su propia solución creativa: crear y usar una mezcla de fibra de vidrio. Esto hace su trabajo único en el país, porque ya el mosaico es trasnportable, se puede llevar desde Managua a Japón, si así se decidiera...



En otro aspecto, veo que los formatos que ha producido son parte de una búsqueda sin tregua. He tenido la portunidad de ver, por ejemplo, un trabajo de más de 2.500 piezas, la primera vez que lo vi me impresionaron sus dimensiones. Pensar que las piezas fueron cortadas una por una, selecionadas de acuerdo a una paleta de colores que lograrían profundidad en el diseño de un túnel arboleda. Ese trabajo está en la casa de Anita, una amiga historiadora de Managua.

En fin. La paleta de colores de Marcelo ha ido variando, con evolución lenta pero firme. Eso se refleja en esta Primera Exposisicón Personal, siendo un hito para él y para quienes lo acompañamos en la creación de “una voz táctil y visual” muy personal, me refiero a una identidad que se va afirmando y enraizando cada vez más.

Desde la sensología del arte, puedo afirmar que el trabajo de Marcelo Gutiérrez Franco confirma que no son cinco los sentidos de percepción del cuerpo sino uno solo: cuando vemos una mesa con mosaicos aplicados, se percibe una temperatura concreta, una composición, varias texturas que nuestro cerebro nos manda información a esa parte dedicada al volumen del tacto. Estar ante un mosaico nos reta a unificar lo sensorial: el sentido de estar presentes desde todos los sentidos (seguro más que cinco, pero unificados). Un niño, imagino yo, sin duda, tocaría la superficie de uno de sus mosaicos, especialmente (y espacialmente) los que proponen volumen y sinuosidad.

Recuerdo una obra maestra que vi elaborar a Marcelo a partir de una foto vectorizada: “Gato”, obra de pequeñas dimensiones, hecha con piezas muy pequeñas, diminutos cortes. Muestra tensión y movimiento. "Todo cuanto vive se atiene a lo arduo", dice Rilke. El gato, en vivo primer plano-perfil, está a punto de hacer algo, suponemos, no sabemos qué, pero percibimos la inmediatez próxima de una acción como si fuera un frame de cine.

Opinando desde mis propios prejuicios, los retos que encuentro en el camino de Marcelo como artista son dos. Primero, ampliar su investigación gráfica con la finalidad de exorcisar su estilo, como decía Cabrera Infante: afilar la capacidad de cuestionar autocríticamente su identidad de artista, ir al encuentro de la propia imagen y alimentarla desde la técnica, para ver este compromiso en los resultados visuales de sus próximos procesos. En segundo lugar, le tocará abrirse a la diversidad y observación de otras exploraciones interdisciplinarias que puede permitirle o brindarle el mosaico. Simplemente, intento animarlo a que continúe experimentando rutas nuevas.

Gracias, Marcelo, por compartir tu trabajo con quienes creemos en tus talentos creativos.

1